Un pitillo

viernes, 17 de octubre de 2008


Es increíble la cantidad de chalados, sin incluirme a mí, eh, que hay por el mundo, ayer por la noche, a punto de realizar mi ronda, me encontraba por San Roque y se me acercó un bakala de esos en extinción, en sus ojillos rojos chispeantes se apreciaba que llevaba un potaje de todo tipo de drogas: blandas, duras, fláccidas… Que le hacían estar más acelerado que el Fernando Alonso en un minicar, tenía un gesto de mala leche que me hacía sospechar sus intenciones, me pidió un cigarro como si tal cosa, a mí, que iba ataviado con mi traje, la capa y la máscara, le contesté muy tranquilo que sí, que tenía y haciendo ademán de meter la mano en un bolsillo de mi pantalón, agarré mi sacho y le asesté tal piñazo que le salían las muelas por las orejas… ¿Mala bestia, violento, ataque de poder e ira…? Llamadlo como querais, otros dirían que mi proceder fue simplemente una “acción preventiva”.

Cuando me alejaba me soltó que tenía amigos y ese tipo de frases que ya no me dicen nada nuevo, en esta ciudad tan pequeña hasta podemos tener amistades en común.

El Capitán Lugo

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